Cuadrole al interfecto en tan sinalado momento, que del cipostio que se montó alguno pasó toda la semana (la pasada) sin poder parar de reir.
Llegó la pareja de la Guardia Civil al Concello de Rairiz de Veiga, ese oasis del ahora ex BNG Xaquín Rodríguez Ambrosio, por aquellos días en que coleaba el caso de Castro de Rei, tal que cuentan que al alcalde se le encendió la bombilla por si también pudieran ir a por él.
Y no, la pareja le explicó que ellos sólo venían a constatar si, tal y como se había denunciado, seguía habiendo en este Concello una funcionaria sentada cara a la pared, paradiña y sin hacer nada, que ella y la CIG ganarán los casos en los juzgados, pero a Xosé Xaquín no hay sindicato que le doble, aunque sea el que fuera de los suyos, ni funcionario/a que se le resista.
Luego, cuando llegan las sentencias que dicen a pagar, este regidor, paradigma de los derechos de los trabajadores, plantifica un no podemos sin causarle un quebranto económico al Concello, que al número 3 de los juzgados de lo Social de Ourense le inspira tanta credibilidad y caridad que sólo puede decirle a pagar, y en cinco días.
Menudo cristo que se montó, pero no tanto por el motivo real de la visita de la Guardia Civil (y ya no digamos por los derechos asoballados de la trabajadora), sino por si fuera a darse el Rairiz de Rei, que alguno exclamó ¡coitadiño, xa che gostaría!
El pintoresquismo de este alcalde ex BNG, o vaya usted a saber qué, que esa es otra, da para más. No lo es menos el vehículo que se gasta. Que otro día situaremos en su exacta ubicación. Porque esa es otra.
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