“SURTÚ”, LA COSA SE COMPLICA
Por tierras de Laza, Vilar de Barrio y Montederramo, los rumores de que algo raro estaba sucediendo con las colocaciones de Romasanta habían ido en aumento. Pese a ello, “O do Unto” había ofrecido a dos más de los García Blanco la posibilidad de encontrarse con las hermanas y sus sobrinos que ya había llevado a Santander, concretamente a Luis y María.
María no acabó por mostrar el suficiente interés por la oferta, pero sí lo hizo su hermano. Aún así Luis tampoco llegaría a tierras cántabras, pero no porque se quedara en el camino sino porque no lo llegó a emprender siquiera. Todo había sido dispuesto convenientemente, como en ocasiones anteriores, pero en ésta el buhonero se volvió atrás de la empresa argumentando que el contacto que precisaba en estos casos le había fallado, que no había acudido a la cita convenida .
Como quiera que fuera, Luis García había expresado a Romasanta su interés por comprobar la prosperidad de sus hermanas. Es casi seguro que fue esto lo que acabó por aconsejar a “O do Unto” aplazar el proyectado viaje. Si esta era la intención, se deducía claramente que el nivel de confianza en el buhonero ya no era el que fuera y a Romasanta le convenía. Para mejor muestra, estaba el hecho de que Luis le había pedido al buhonero que mandara volver a Ourense a José, el hijo de Josefa. Romasanta le había indicado que debía dirigir tal petición a una tal Concepción Villar, y le dió la dirección de “Ánimas del Purgatorio del Cofiñal”. La presión de los rumores empezó a pesar considerablemente en los García Blanco y, consiguientemente, en Romasanta, al que no quedó más remedio que aceptar el viaje de otro de la familia. Solo que este no era un hermano de las de Laza sino un sobrino político, Manuel Fernández, apodado “Surtú”. Por si cualquier signo de desconfianza pudiera volver echar atrás a “O do Unto”, los García Blanco justificaron la visita de “Surtú” a sus hermanas en la necesidad de procurar algo de dinero para la familia, pues, como Romasanta decía, moneda no les faltaba a cualquiera de las tres. Todo se dispuso convenientemente para el 4 de marzo de 1851.
Así, solamente dos meses después de que hubiera partido la última de las García, Josefa, salieron para Santander los dos hombres. El 4 de marzo “Surtú” salió de Castro hacia Rebordechao, donde le esperaba Romasanta. Allí hizo noche, durmió en su casa, y a la mañana siguiente salieron los dos para Montederramo porque, de paso, Romasanta se proponía comprar algún ganado.
De la compra de las reses y del viaje solo hubo sendos amagos. El buhonero dijo al sobrino de las García Blanco haber recibido comunicación de que aquel viaje era necesario retrasarlo hasta el día 23 de aquel mismo mes. Los dos hombres desandaron el camino y retornaron Romasanta a Rebordechao y el “Surtú” a Laza.
Pero cuando esto ocurrió, Romasanta tuvo tan claras muestras de la desconfianza que ya le inspiraba a los García Blanco, como del poco miedo que “Surtú” le tenía al de “O Unto”. Durante todo el camino, tanto de ida como de vuelta, Manuel Fernández obligó a Romasanta a caminar siempre delante de él. Pese a que en numerosas ocasiones asaltaba a “O do Unto” la necesidad de hacer de vientre, para lo que se apartaba un poco del camino, el “Surtú” le aguardaba sin bajar la guardia y sin permitir que cuando volviera al sitio lo hiciera por la espalda.
Romasanta había tentado también el temple de su acompañante, cuando en medio del camino, mientras los dos hombres habían hecho un alto para almorzar, le preguntó si se tenía por hombre de muchas fuerzas, a lo que “Surtú” le respondió que confiaba bastante en las que le habían sido dadas. Y no se recató el Fernández en confesarle abiertamente que con él hacían el camino 200 reales.
El tendero ya había tenido otra prueba de la seguridad en sí mismo de “Surtú” cuando en Montederramo, después de aplazar el proyectado viaje, le mandó salir al pueblo de Fontedoso donde cenarían, pero Romasanta no llegó a su hora. Manuel Fernández tuvo la sospecha de que “O do Unto” andaría en sus asuntos en Mazaira, otro pueblo no muy distante del que habían convenido, y allí se fue a su encuentro.
Pospuesto el viaje de “Surtú”, Romasanta le dijo al de Laza que para la próxima sería él quien pasara a recogerle por su casa. Como quiera que esto no ocurrió cuando fuera convenido, los rumores en Laza siguieron en aumento. |